El mensaje fue una radiografía del gobernador. Mencionó dos veces a Néstor Kirchner y una a Cristina. Pero consolidó su ego y subrayó su -deseo de- independencia.

Fue pícaro: aprovechó el gran desorden que recibió para comparar con lo que hizo. Se trata de una de las peores crisis de la historia de la Argentina contra otro período de gran abundancia.

Fue ampuloso cuando habló de las obras. Se entusiasmó con la Educación y con la Salud, las dos únicas áreas que en 2003 tuvieron un plan ordenado, hecho por Susana Montaldo y Juan Manzur.

Fue temeroso cuando se refirió a la seguridad, palabra que casi pasa inadvertida respecto de otras que son clave. El déficit incluye los problemas con la droga, el dilema irresoluto de los siete años de gestión. Fue prudente, cuando dentro del recinto eligió lo institucional y no habló de nada electoral.

Fue el mismo Alperovich individualista: aparece él y no el equipo, pero el año 2020 superó la docena de repeticiones. Para entonces esta gestión será historia y las proyecciones servirán para que la provincia no se detenga.